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Terapia ocupacional

Señales de alerta en integración sensorial: guía por sentidos para familias

Equipo de Maravillosa Mente · Actualizado el 30 de octubre de 2026

Respuesta rápida: Un niño puede tener dificultades de integración sensorial cuando reacciona de forma muy intensa o muy escasa a ruidos, texturas, movimiento o alimentos, y esas reacciones limitan su día a día durante meses. Lo que importa no es una conducta aislada, sino su intensidad, su frecuencia y cuánto interfiere en comer, vestirse, jugar o ir al colegio.

¿Cuáles son las señales de alerta en integración sensorial?

Las señales de alerta en integración sensorial son reacciones a los estímulos que resultan desproporcionadas para la edad del niño y que se repiten en el tiempo. Por ejemplo, taparse los oídos con el secador, vivir como un drama ponerse calcetines, rechazar casi todas las texturas de comida, no parar de saltar y chocarse o, al contrario, evitar cualquier columpio.

A todos los niños les molesta algo. La diferencia está en tres preguntas:

  • ¿Es intenso? La reacción es mucho mayor de lo que cabría esperar.
  • ¿Es frecuente? Ocurre casi a diario y en distintos lugares, no solo un día malo.
  • ¿Interfiere? Le impide comer variado, vestirse, jugar en el parque, ir a cumpleaños o estar tranquilo en clase.

Si respondes “sí” a las tres, merece la pena consultar con una terapeuta ocupacional.

¿Qué es la integración sensorial y qué sentidos intervienen?

La integración sensorial es la forma en que el cerebro organiza la información de los sentidos para responder de forma ajustada. Además de los cinco sentidos clásicos, hay dos que pasan desapercibidos y son clave en la infancia:

  • Vestibular: está en el oído interno y nos informa del movimiento, la velocidad y el equilibrio.
  • Propioceptivo: llega desde músculos y articulaciones y nos dice dónde está cada parte del cuerpo y cuánta fuerza hacemos.

También se habla del sistema interoceptivo, que informa de sensaciones internas como el hambre, la sed o las ganas de ir al baño.

Según la American Occupational Therapy Association (AOTA), el procesamiento sensorial es una de las áreas que valora la terapia ocupacional, porque influye directamente en cómo el niño come, se viste, juega y aprende.

¿Qué diferencia hay entre hiperrespuesta e hiporrespuesta?

Las dificultades sensoriales suelen describirse en tres patrones. Un mismo niño puede mostrar varios según el sentido o el momento del día.

Patrón Qué le pasa al niño Cómo se ve
Hiperrespuesta Registra los estímulos con demasiada intensidad Evita, se tapa, huye, llora o se enfada ante sensaciones que a otros no les molestan
Hiporrespuesta Registra los estímulos con poca intensidad Parece no enterarse: no nota que le llaman, que tiene la cara sucia o que se ha hecho daño
Búsqueda sensorial Necesita más estímulo para sentirse regulado Salta, gira, choca, toca todo o se mete cosas en la boca de forma constante

Un niño con hiperrespuesta puede parecer “muy sensible” o “tiquismiquis”, y uno con hiporrespuesta o búsqueda sensorial puede parecer “despistado” o “movido”. Entender qué hay debajo cambia la forma de ayudarle.

¿Qué señales aparecen en cada sistema sensorial?

Esta tabla recoge ejemplos cotidianos por sistema. No hace falta que aparezcan todos; lo importante es si forman un patrón que se repite.

Sistema Si responde de más (hiperrespuesta) Si responde de menos o busca sensaciones
Auditivo Se tapa los oídos con la aspiradora, el secador o la cisterna. Lo pasa mal en el comedor, en cumpleaños o en el patio. No responde cuando le llamas aunque oye bien. Hace ruidos constantemente o busca música muy alta.
Táctil Rechaza etiquetas, costuras, calcetines o ciertos tejidos. Vive como un drama cortarse el pelo o las uñas. Evita mancharse con pintura o arena. No nota que tiene la cara o las manos sucias. Toca todo y a todos. Parece no sentir los golpes o el dolor.
Vestibular Le dan miedo los columpios, los toboganes o que le levanten del suelo. Se marea con facilidad en el coche. Gira sin marearse, no para quieto, se balancea en la silla y busca columpiarse muy alto y muy rápido.
Propioceptivo Evita juegos de contacto y le incomodan los abrazos fuertes. Se choca a propósito, empuja, aprieta demasiado el lápiz, rompe juguetes sin querer y le encanta tirarse al suelo.
Oral y alimentación Come muy pocos alimentos, tiene arcadas con algunas texturas y rechaza mezclas como grumos o trozos. Lo pasa mal al lavarse los dientes. Se mete objetos en la boca a edades en que ya no es habitual, muerde la ropa o los lápices, prefiere sabores muy intensos o se llena la boca en exceso.
Visual Le molesta la luz intensa, se distrae con cualquier movimiento a su alrededor y le agobian los lugares con mucho estímulo visual. Le cuesta encontrar objetos delante de él, se pierde al copiar de la pizarra o busca mirar luces y objetos que giran.

Cuando las dificultades afectan a la alimentación, conviene que el pediatra descarte también causas médicas, sobre todo si hay arcadas frecuentes, vómitos o el niño no gana peso. Lo explicamos en nuestra página de autonomía y alimentación.

¿Cómo se nota en el día a día?

Muchas familias no piensan en “lo sensorial” hasta que ven el patrón en sus rutinas:

  • Por la mañana: vestirse es una batalla, solo acepta dos o tres prendas y se queja de los zapatos.
  • En las comidas: come siempre lo mismo, rechaza alimentos nuevos sin probarlos o necesita moverse sin parar en la silla.
  • En el colegio: le cuesta estar sentado en la asamblea, se agobia en el patio o el comedor, o la profesora comenta que está “en su mundo”.
  • En el parque: evita columpios y toboganes o, al contrario, no mide el peligro.
  • En el baño y el aseo: lavarse el pelo, cortarse las uñas o cepillarse los dientes son momentos de llanto.
  • Por la noche: le cuesta calmarse para dormir, sobre todo después de un día con mucho estímulo.

¿Las dificultades sensoriales son un signo de autismo?

No necesariamente. Desde 2013, el manual diagnóstico DSM-5 de la American Psychiatric Association (APA) incluye la hiper o hiporreactividad a los estímulos sensoriales entre los criterios del trastorno del espectro autista. Por eso son muy frecuentes en el TEA. Pero también aparecen en niños con TDAH, en niños con dificultades del desarrollo y en niños sin ningún diagnóstico.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) recuerda que las dificultades de procesamiento sensorial no se consideran un diagnóstico independiente y recomienda valorar al niño de forma global. Si además de lo sensorial te preocupan la comunicación, el juego o la relación con otros niños, coméntalo en la valoración para que se tenga en cuenta todo.

¿Qué puedes hacer en casa?

Mientras llega la valoración, algunos cambios sencillos suelen ayudar. Adáptalos a tu hijo y observa cómo responde:

  1. Anota lo que observas. Qué le molesta, en qué momento del día, dónde y con qué intensidad. Este registro es muy útil para la terapeuta ocupacional.
  2. Anticipa. Avísale antes de un ruido fuerte, un cambio de plan o una actividad que le cuesta. Saber qué va a pasar reduce la ansiedad.
  3. Ofrece movimiento intenso antes de actividades tranquilas. Saltar, empujar un carrito, trepar o llevar la mochila ayuda a muchos niños a organizarse antes de sentarse a comer o hacer deberes.
  4. Adapta lo que puedas. Ropa sin etiquetas, calcetines sin costuras o un rincón tranquilo en casa donde pueda retirarse cuando se agobia.
  5. No le fuerces con la comida. Ofrece alimentos nuevos junto a otros que ya acepta, sin presión, y deja que los toque o los huela antes de probarlos.
  6. No lo interpretes como mala conducta. Una reacción sensorial intensa no se resuelve con castigos. Primero ayúdale a calmarse; después, si toca, habláis.

Para saber cómo se trabaja en terapia, puedes leer nuestra página sobre terapia de integración sensorial.

¿Cuándo pedir una valoración?

Consulta con una terapeuta ocupacional si:

  • Las reacciones son intensas y se mantienen desde hace meses.
  • Aparecen en casa, en el colegio y en otros lugares.
  • Limitan la alimentación, el sueño, el vestido, el juego o la vida social de tu hijo o de la familia.
  • El colegio o la escuela infantil también lo han notado.
  • Se acompañan de dificultades en el lenguaje, la atención o la relación con otros niños.

En nuestro centro de Chamberí, la valoración de integración sensorial la realiza una terapeuta ocupacional con entrevista a la familia, cuestionarios y observación de tu hijo mientras juega. Si quieres que lo veamos, puedes pedir una cita de valoración y te explicaremos cómo empezar.

Fuentes: American Occupational Therapy Association (AOTA); American Psychiatric Association (APA), DSM-5; Academia Americana de Pediatría (AAP).

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se pueden detectar los problemas de integración sensorial?

Algunas señales aparecen ya en bebés, como llorar mucho con el baño o rechazar que los cojan, pero lo habitual es que se hagan evidentes entre los 2 y los 6 años, cuando aumentan las exigencias de la escuela infantil, la alimentación y la autonomía.

¿Las dificultades sensoriales se pasan con la edad?

Algunas reacciones se suavizan a medida que el niño madura, pero cuando son intensas y limitan su vida diaria no suelen desaparecer solas. Con apoyo, el niño aprende a regularse y la familia a adaptar el entorno.

¿Tener problemas sensoriales significa que mi hijo tiene autismo?

No. Las diferencias sensoriales son muy frecuentes en el TEA y forman parte de sus criterios diagnósticos, pero también aparecen en niños con TDAH y en niños sin ningún diagnóstico. Solo una valoración completa puede aclararlo.

¿Qué profesional valora la integración sensorial?

La valora una terapeuta ocupacional con formación específica en integración sensorial, mediante entrevista con la familia, cuestionarios y observación del niño mientras juega y se mueve.

¿Debo ponerle cascos antirruido si le molestan los ruidos?

Pueden ser útiles en momentos puntuales y muy ruidosos, como un concierto o una celebración. Usarlos todo el día puede hacer que tolere aún menos los sonidos cotidianos, así que conviene pactar su uso con la terapeuta ocupacional.

Da el primer paso. Te escuchamos sin compromiso.

Cuéntanos qué te preocupa y te orientamos sobre la valoración más adecuada para tu hijo o para ti.

O llámanos al +34 672 62 98 17