¿Qué es la integración sensorial?
Cada día procesamos sin darnos cuenta lo que vemos, oímos, tocamos y saboreamos, y también la información del movimiento y de la posición del cuerpo. La integración sensorial es la forma en que el cerebro organiza todo eso para responder de forma ajustada: atender en clase con el ruido de fondo, tolerar la ropa o saber cuánta fuerza hacer al coger un vaso.
Además de los cinco sentidos clásicos, hay otros que pasan desapercibidos y pesan mucho en la infancia:
- Vestibular: está en el oído interno e informa del movimiento, la velocidad y el equilibrio.
- Propioceptivo: llega desde músculos y articulaciones e indica dónde está cada parte del cuerpo y cuánta fuerza hacemos.
- Interocepción: las señales internas, como el hambre, la sed, las ganas de ir al baño o el cansancio.
Algunos niños registran los estímulos con mucha intensidad y viven el mundo como algo abrumador. Otros los registran poco y buscan sensaciones fuertes para “sentirse”. Y muchos combinan ambas cosas según el sentido o el momento del día. La terapia de integración sensorial trabaja precisamente esa organización.
¿Cómo se manifiestan las dificultades sensoriales?
Las terapeutas ocupacionales suelen describir tres grandes patrones. No son etiquetas cerradas, sino una forma de entender qué le pasa a cada niño:
| Patrón | Cómo se ve en el día a día |
|---|---|
| Sobrerresponde (hipersensible) | Se tapa los oídos, rechaza etiquetas y texturas, evita ensuciarse, le agobian los sitios con mucha gente |
| Infrarresponde (hiposensible) | Parece no notar los golpes o el frío, tarda en reaccionar cuando le llamas, se cansa y se “apaga” con facilidad |
| Busca sensaciones | No para de saltar, girar o chocarse, se lo lleva todo a la boca, toca a los demás sin medir la fuerza |
A estos patrones se suman a veces dificultades de praxis, es decir, para planificar movimientos nuevos: niños que tardan mucho en aprender a vestirse, a montar en bici o a seguir una coreografía, y que parecen torpes aunque no tengan ningún problema muscular.
Lo importante es la intensidad y la duración: a todos los niños les molesta algo, pero cuando esas reacciones limitan su vida diaria (no puede ir a cumpleaños por el ruido, solo come cinco alimentos, cada mañana vestirse es una batalla) conviene valorarlo. En nuestra guía de señales de alerta en integración sensorial tienes ejemplos ordenados por sentidos.
Una consulta frecuente es la de los niños que caminan de puntillas. A veces hay un componente sensorial y otras una causa muscular o neurológica: lo explicamos en la guía ¿por qué mi hijo camina de puntillas?.
¿A qué edad se puede empezar?
Las dificultades sensoriales pueden aparecer ya en bebés, cuando lloran mucho con el baño, rechazan que los cojan o no toleran el paso a los purés. En esa etapa forman parte de la atención temprana. Lo más habitual es que las familias consulten entre los 2 y los 6 años, cuando aumentan las exigencias de la escuela infantil, la comida y la autonomía. En niños mayores suelen ir unidas a dificultades de atención, de organización o de motricidad y escritura.
¿Cómo valoramos el procesamiento sensorial?
La valoración la hace una terapeuta ocupacional con formación específica en integración sensorial. Incluye:
- Entrevista con la familia sobre rutinas, alimentación, sueño, juego y colegio.
- Cuestionarios sensoriales estandarizados para casa y, si es posible, para el colegio.
- Observación clínica del niño en la sala: cómo se mueve, cómo responde al columpio, a las texturas o a los cambios, cómo planifica un circuito nuevo.
- Devolución con lo que hemos visto, explicado sin tecnicismos, y una propuesta de dos o tres objetivos concretos y medibles.
Los objetivos siempre están ligados a la vida diaria: que pueda cortarse el pelo sin crisis, que se siente a comer con la familia, que aguante el recreo sin acabar desbordado. Así la familia sabe qué esperar y podemos comprobar si la terapia funciona.
¿Cómo es una sesión de integración sensorial?
Las sesiones se hacen en una sala preparada con material suspendido, colchonetas, superficies inestables y texturas. El niño juega y, mientras tanto, la terapeuta ajusta la intensidad de cada actividad para que su sistema nervioso aprenda a organizar mejor la información. Por eso las sesiones parecen juego libre aunque detrás haya una planificación cuidadosa.
Una sesión típica alterna momentos de movimiento intenso (columpio, trepar, empujar) con retos que el niño puede conseguir con un poco de esfuerzo: un circuito nuevo, una textura que antes evitaba, un juego que exige esperar el turno. El “reto justo” es la clave: ni tan fácil que aburra ni tan difícil que lo desborde.
Al terminar te contamos qué hemos trabajado y qué puedes hacer en casa esa semana.
¿Qué podéis hacer en casa y en el colegio?
Una parte importante del trabajo pasa fuera de la sala. Te ayudamos a crear una dieta sensorial: actividades cortas a lo largo del día que ayudan a tu hijo a mantenerse regulado. Por ejemplo:
- Antes de una tarea tranquila: unos minutos de saltar, empujar la pared o llevar la mochila de la compra.
- Para las transiciones: avisar con antelación, usar un temporizador visual o una canción que marque el final del parque.
- Para la ropa y el aseo: elegir tejidos suaves, quitar etiquetas, cepillar los dientes con presión firme y previsible.
- Para la comida: acercar los alimentos nuevos sin obligar a probarlos, empezando por tocarlos u olerlos.
Si nos autorizas, también compartimos pautas con el colegio: un sitio en clase con menos ruido, pausas de movimiento o un rincón de calma. Pequeños ajustes como estos cambian mucho el día de un niño que se desborda.
¿Qué dice la evidencia?
La terapia de integración sensorial de Ayres, aplicada por terapeutas con formación específica, con sesiones individuales y objetivos medibles, cuenta con ensayos clínicos que muestran mejoras en los objetivos de cada niño, sobre todo en niños autistas de 4 a 12 años. En cambio, las intervenciones sensoriales sueltas (chalecos con peso, cepillados o pelotas como asiento sin un plan detrás) tienen mucha menos evidencia.
La Academia Americana de Pediatría recomienda que las terapias sensoriales formen parte de un plan de tratamiento global y que se midan sus resultados. Así trabajamos: con objetivos claros, revisión periódica y coordinación con el resto de profesionales.
Integración sensorial y otros diagnósticos
Las dificultades sensoriales son frecuentes en niños con TEA y con TDAH, y también en niños sin ningún diagnóstico. Si la valoración muestra que hay más áreas implicadas, coordinamos el plan con logopedia o psicología dentro del mismo centro, para que tu hijo tenga un único equipo de referencia. Si no tienes claro por dónde empezar, te ayuda nuestra guía sobre a qué profesional llevar a tu hijo.
Integración sensorial en Chamberí
Nuestro centro está en la calle Espronceda, en Ríos Rosas (Chamberí), a pocos minutos a pie de los metros de Alonso Cano, Gregorio Marañón y Ríos Rosas. Si te reconoces en alguna de las señales de esta página, puedes pedir una valoración y te explicaremos cómo empezar.
Última revisión: 30 de octubre de 2026


