¿Qué consideramos un problema de conducta?
Todos los niños se enfadan, desobedecen y ponen a prueba los límites. Es parte de crecer y de aprender a gestionar la frustración. Hablamos de problema de conducta cuando esas reacciones son mucho más intensas, frecuentes o duraderas de lo esperable para su edad, y empiezan a afectar a la convivencia familiar, al colegio o a sus amistades.
Detrás de una conducta difícil casi siempre hay algo que el niño todavía no sabe manejar de otra forma: frustración, miedo, cansancio, dificultad para expresarse o para cambiar de actividad. Entender ese “para qué” es el primer paso para ayudarle.
¿Qué puede haber detrás de las rabietas y los desafíos?
Las causas suelen ser varias a la vez. Algunas de las más habituales:
- Etapa del desarrollo: entre el año y los cuatro años, las rabietas son la forma habitual de expresar frustración.
- Dificultades de lenguaje: un niño que no consigue hacerse entender se frustra más y lo expresa con el cuerpo. En estos casos puede ayudar una valoración de logopedia.
- Ansiedad: negarse o enfadarse puede ser la forma de evitar algo que le da miedo. Lo explicamos en ansiedad infantil.
- Dificultades de atención o impulsividad, como ocurre en el TDAH.
- Sensibilidad sensorial: ruidos, ropa o cambios de rutina que le desbordan.
- Cambios en la familia: un hermano, una separación, una mudanza o una pérdida.
- Dinámicas que se enquistan: cuando la relación se llena de órdenes, discusiones y castigos, el niño y los padres entran en un círculo difícil de romper.
¿Qué dice el DSM-5 sobre los problemas de conducta?
La mayoría de los niños que atendemos por conducta no tienen ningún trastorno. Aun así, el DSM-5 describe algunos cuadros que conviene conocer:
- Trastorno negativista desafiante: un patrón de enfado o irritabilidad, discusiones y desafío a las figuras de autoridad, o actitud vengativa, que dura al menos seis meses, con al menos cuatro síntomas y que se nota también con alguien que no sea un hermano.
- Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo: irritabilidad persistente casi todos los días, con estallidos de ira graves y frecuentes. Solo se diagnostica entre los 6 y los 18 años y los síntomas tienen que haber empezado antes de los 10.
- Trastorno de conducta: un patrón más grave, en el que se vulneran de forma repetida los derechos de los demás o normas sociales importantes.
Estos criterios sirven para entender en qué se fijan los profesionales, no para etiquetar a tu hijo. Solo una evaluación permite saber qué está pasando y si encaja o no en alguno de ellos.
¿Cuándo conviene consultar?
Pide una valoración si:
- Las rabietas siguen siendo diarias o muy intensas pasados los cinco años.
- Hay agresiones a otros, a sí mismo o a objetos de forma habitual.
- La irritabilidad está presente casi todo el tiempo, no solo cuando algo le sale mal.
- El comportamiento le está causando problemas en el colegio o con los amigos.
- Os sentís agotados y sin herramientas.
¿Cómo trabajamos?
Las intervenciones con más respaldo para los problemas de conducta en la infancia son los programas de entrenamiento a padres. Los padres son quienes más tiempo pasan con el niño y los cambios en casa son los que más se notan. Que trabajemos tanto con la familia no significa que lo estéis haciendo mal. Nuestro trabajo incluye:
- Evaluación: entrevista con la familia, observación del niño, información del colegio y cuestionarios estandarizados, para entender cuándo, dónde y por qué aparecen las conductas.
- Pautas para la familia: atención positiva, límites claros y previsibles, cómo actuar durante una rabieta y cómo evitar que se repita el mismo círculo.
- Trabajo con el niño: reconocer emociones, calmarse, tolerar la frustración y resolver problemas, con juegos y actividades adaptadas a su edad.
- Coordinación con el colegio, si nos das tu autorización, para que las respuestas sean coherentes en todos los entornos.
Si hay dificultades sensoriales o de regulación, la terapia ocupacional puede complementar el trabajo.
¿Cuánto se tarda en notar cambios?
Depende de la edad del niño, de cuánto tiempo lleve instalada la situación y de lo que haya detrás. Muchas familias notan que el ambiente en casa mejora en las primeras semanas, cuando empiezan a aplicar las pautas de forma constante. Los cambios más estables suelen llevar algunos meses.
Es normal que, al principio, algunas conductas empeoren un poco antes de mejorar: el niño comprueba si los nuevos límites se mantienen. Saberlo de antemano ayuda a no rendirse en ese momento. Revisamos contigo los avances de forma periódica y ajustamos el plan si algo no funciona.
¿Qué puedo hacer durante una rabieta?
- Mantén la calma en la medida de lo posible: tu tranquilidad le ayuda a recuperar la suya.
- Asegúrate de que nadie se hace daño y reduce las palabras al mínimo.
- Cuando se haya calmado, pon nombre a lo que ha pasado (“estabas muy enfadado porque querías seguir jugando”).
- Mantén el límite que habías puesto, sin añadir castigos nuevos en caliente.
- Busca momentos tranquilos durante el día para estar con él y reconocer lo que hace bien.
Problemas de conducta en Chamberí
En nuestro centro de Ríos Rosas acompañamos a familias que viven la conducta de su hijo con desgaste y preocupación. Puedes conocer cómo trabajamos en la página de psicología infantil.
Última revisión: 30 de octubre de 2026


