¿Qué es la ansiedad infantil?
La ansiedad es una reacción natural que nos prepara ante un peligro. Todos los niños tienen miedos, y muchos son esperables según la edad: a separarse de los padres en los primeros años, a la oscuridad o a los monstruos en preescolar, a hacer el ridículo o a suspender más adelante.
Hablamos de ansiedad infantil cuando ese miedo o esa preocupación es desproporcionado para la situación, dura meses y le impide hacer cosas propias de su edad: ir al colegio, dormir, jugar con otros niños o separarse de la familia. Es una de las dificultades psicológicas más frecuentes en la infancia y responde bien al tratamiento.
¿Qué tipos de ansiedad hay en los niños?
El DSM-5 describe varios trastornos de ansiedad que pueden aparecer en la infancia. Los más habituales son:
- Ansiedad por separación: miedo excesivo a separarse de las figuras de apego o a que les pase algo malo, más allá de lo esperable para su edad.
- Fobias específicas: miedo intenso y desproporcionado a algo concreto, como los perros, la sangre, los vómitos o las tormentas.
- Ansiedad social: miedo intenso a ser observado o juzgado, por ejemplo al hablar en clase o al comer delante de otros.
- Ansiedad generalizada: preocupaciones constantes y difíciles de controlar por muchos temas (el colegio, la salud, la familia) durante al menos seis meses.
- Mutismo selectivo: el niño no consigue hablar en situaciones sociales concretas, como el colegio, aunque en casa habla con normalidad.
En todos los casos, para hablar de trastorno la ansiedad debe ser persistente y causar un malestar o una interferencia importante en su vida. Esta lista sirve para orientarte, no para poner una etiqueta: eso solo puede hacerlo una evaluación profesional.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad en un niño?
Los niños no siempre dicen “estoy nervioso”. La ansiedad se nota en tres niveles:
- En el cuerpo: dolor de tripa o de cabeza, náuseas, sensación de ahogo, tensión, cansancio o problemas para dormir.
- En lo que piensa: “¿Y si os pasa algo?”, “Me voy a equivocar”, “Se van a reír de mí”.
- En lo que hace: evita, se pega a ti, llora, tiene rabietas cuando le pides que haga algo que teme o busca que le tranquilices una y otra vez.
A veces la ansiedad se confunde con desobediencia o con un problema de conducta, porque la forma que tiene el niño de evitar lo que teme es negarse o enfadarse. Por eso merece la pena mirar qué hay detrás. Puedes leer más en problemas de conducta.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Consulta con un psicólogo si:
- Los miedos o preocupaciones duran más de unas semanas y no ceden con tu apoyo.
- Está empezando a evitar el colegio, las actividades o a los amigos.
- Los síntomas físicos son frecuentes y el pediatra no ha encontrado una causa médica.
- La ansiedad está condicionando la vida de toda la familia (rutinas para dormir que se alargan horas, planes que se cancelan).
¿Cómo tratamos la ansiedad infantil?
La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento psicológico con más respaldo científico para la ansiedad en niños y adolescentes. La adaptamos a su edad con juegos, cuentos y ejemplos de su vida diaria. Trabajamos:
- Entender la ansiedad: qué es, para qué sirve y por qué el cuerpo reacciona así.
- Herramientas para calmarse: respiración, relajación y formas de pedir ayuda.
- Pensamientos que asustan: aprender a reconocerlos y a responderles de otra manera.
- Exposición gradual: acercarse poco a poco y con apoyo a lo que da miedo, porque es así como el miedo se hace más pequeño.
- Pautas para la familia: cómo acompañar sin sobreproteger y cómo reducir poco a poco las conductas de evitación.
Si la ansiedad va unida a una sensibilidad sensorial alta (ruidos, texturas, multitudes), puede ser útil una valoración en integración sensorial, porque ambas cosas se alimentan entre sí.
¿Qué conviene evitar?
Con la mejor intención, las familias a veces hacen cosas que, a medio plazo, mantienen la ansiedad. Es muy comprensible, porque nadie quiere ver sufrir a su hijo. Algunas de las más habituales son:
- Evitarle todo lo que le da miedo: alivia en el momento, pero le confirma que esa situación es peligrosa y que no puede afrontarla.
- Tranquilizarle una y otra vez con lo mismo: responder diez veces a la misma pregunta suele alimentar la preocupación en lugar de calmarla.
- Hablar por él: en niños tímidos o con mutismo selectivo, contestar en su lugar le quita oportunidades de practicar.
- Quitarle importancia con frases como “no es para tanto”: puede sentir que no le entiendes.
En la terapia te ayudamos a encontrar el equilibrio entre acompañar y animarle a avanzar.
¿Cómo puedo ayudarle en casa?
- Escúchale y dale nombre a lo que siente, sin quitarle importancia ni alarmarte.
- Anticipa los cambios y las situaciones nuevas.
- Evita que la ansiedad decida por él: anímale a dar pasos pequeños y reconoce su esfuerzo.
- Cuida tu propia calma, porque los niños aprenden mucho de cómo reaccionan los adultos.
Ansiedad infantil en Chamberí
En nuestro centro de Chamberí atendemos a niños y adolescentes con ansiedad y acompañamos a sus familias. Si quieres conocer cómo es el proceso desde la primera cita, visita la página de psicología infantil.
Última revisión: 30 de octubre de 2026


